El Atlético resiste y llega a la final con angustia


El Bayern llevó al límite a los rojiblancos, vivos gracias a un gol de Griezmann. Oblak y Neuer detuvieron sendos penaltis a Muller y Torres.

Alguno se pellizcaba, pero no era un sueño. La final de San Siro es tan real para el Atlético como que está ahí, a tres semanas escasas. Parecía que este equipo no podía sufrir más de lo que lo hizo ante el Barça, pero la eliminatoria ante el Bayern ha superado todos los límites de la angustia. Y de la épica.


El Bayern cumplió su parte y marcó dos, que pudieron ser muchos más. Peroel Atlético supo aprovechar casi la única que tuvo para resistir vivo en el partido y agarrarse a esa final con todo. Con el corazón y el alma. Y con las uñas, si hiciera falta.
Primer apunte. Hasta hora y media antes del partido diluvió sobre Múnich. Cayó agua a rabiar sobre el Allianz y el césped quedó al completo gusto de Guardiola. El técnico catalán, por cierto, se hizo una enmienda a la totalidad a su estrategia del partido de ida. Dejó a Thiago y Coman en el banco y apostó por Ribéry y Muller de inicio. Importante acierto.
El partido empezó tras una pitada colérica sobre la imagen de Simeonesobre los vídeo marcadores del Allianz que demuestra que en Múnich ha calado también el duelo de estilos y que a Guardiola, pese a todo, se le quiere.
Solo hizo falta un minuto para comprobar el infierno que le esperaba al Atlético. Se intuía un asedio, pero era difícil imaginar que alcanzaría tal calibre. El Bayern impuso un ritmo frenético del que se contagiaron los jugadores rojiblancos. Estaba claro que eso no podía ser bueno. Y no lo fue. Çakir, además, dejó jugar y permitió trompicones, encontronazos y golpetazos. El Atlético se dispuso a pasar un calvario difícil de asimilar ante un Bayern por momentos extraordinario.
Lo intentaba el Bayern de todas las maneras, con disparos lejanos, balones cruzados al área, centros desde las bandas. A cada acometida respondía el Atlético con despejes hacia la nada, porque a Griezmann y Torres estaba claro que no iban dirigidos. Solo llevó peligro el Atlético con dos disparos lejanos de Gabi a los que respondió Neuer con solvencia. Escaso balance.
Curiosamente, el gol llegó a balón parado. Una falta de Augusto en la frontal la coló Xabi Alonso con un disparo bajo que tocó en Giménez y sorprendió a Oblak.
El Bayern había necesitado media hora para empatar la eliminatoria y no estaba dispuesto a detenerse ahí. Siguió achuchando apenas dos minutos después se encontró con un penalti por un placaje de Giménez a Javi Martínez. Protestó el uruguayo por una acción de esas que se pueden ver cientos de veces dentro de cualquier área, pero no hubo caso. Muller fue el encargado de lanzar la pena máxima, y su disparo a media altura se encontró con la fenomenal respuesta de Oblak. Justo en ese instante, Simeone respiró hondo.
El penalti fallado aturdió ligeramente al Bayern y el Atlético intentó salir del agujero en el que se había metido. Koke intentó multiplicarse en el centro del campo, pero el Bayern tenía tan asimilado el partido que quería hacer que no dejó ni un minuto el control. El cuarto árbitro señaló un minuto de prolongación y la gente pitó a rabiar. Así estaban las cosas.
A la vuelta del vestuario Carrasco dejó en el banco a Augusto para intentar poner en aprietos a Lahm, pero todo parecía llevar el mismo guión con el Bayern volcado y el Atlético rezando por cazar una. Y la cazó. Fue un chispazo, un visto y no visto. Un balón colgado al círculo central que, después de tocar Torres dejó a Griezmann solo ante Neuer casi sin querer. La jugada era mortal de necesidad.Quedaba un mundo, pero el Bayern tenía ahora la final a dos goles de distancia y al Atlético más encerrado que nunca. Los de Guardiola se pusieron a la tarea de forma rigurosa.
El gol de Lewandowski, un error defensivo que permitió cabecear al polaco completamente solo, llegó con un cuarto de hora por jugarse. Mucho tiempo para el estado de nerviosismo que estaba alcanzando el partido.
Una internada de Torres que terminó con el «Niño» cayendo fuera del área, sin embargo el turco lo pitó dentro y pudo ser la sentencia. Pero la crueldad del destino alcanza a veces cotas insospechadas. Disparó el propio Torres y repelió Neuer. Ese nuevo penalti fallado ofreció un último aliento al Bayern, que en esos cinco minutos que restaban pudo enviar mil balones al área de Oblak. Sin exagerar. Pero el Atleti resistió. Acongojado y angustiado, pero resistió. El premio es una final, tal vez la Champions. Merecida será, seguro.
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